Mini Countryman Cooper S

Los carros sirven para ir del punto “a” al punto “b”. Ciertamente!

Pero unos llegan aburridos, cansados o tristes, excepto nosotros, que fuimos del punto “a” al punto “b” y llegamos felices a bordo de un Mini Countryman Cooper S.

Tal vez a usted le ha pasado... siente que los planetas se alinean para que todo salga como debe ser.

Eso es lo que nos pasó!

El Mini Countryman Cooper S estaba listo, el día soleado y la sabana de Bogotá, preparada para un paseo nuestro, así que salimos de Bogotá con rumbo al norte y comenzó a mejorar todo.

¿Mejorar? se preguntará usted. Pues sí. El cielo comenzó a cubrirse y la llovizna a humedecer el parabrisas. Eso es lo mejor que puede pasar cuando salimos a disfrutar del paisaje y a recorrer unos kilómetros en un carro que tiene todo para dar.

Recorrimos Bogotá hasta el extremo donde las calles se convierten en carreteras y los pasajeros cambiamos de modo urbano a modo paisaje. A medida que avanzamos, el clima se hizo más húmedo, el frío recrudeció y los vidrios a empañarse. Es donde comienza la verdadera prueba de manejo de este Mini que avanzó deliciosamente por el camino en buen estado.

Salimos del pavimento y el Countryman a mostrar su calibre, avanzando por esas carreteras secundarias sin ruidos molestos y especialmente, conservando la buena visibilidad hacia el exterior con un aire acondicionado más que capaz de desempañar el interior y los limpiaparabrisas haciendo su parte en el exterior de los vidrios.

Por principio no hacemos pruebas extremas, ni potencialmente destructivas y la razón es simple: nadie que compra un carro con su trabajo lo haría. Eso para aclarar que este paseo que cada vez se hacía mejor,  nos llevó por rutas destapadas con buenas pendientes sobre las cuales el Countryman hizo su mejor tarea sin que tuviéramos que forzarlo o esforzarnos.

Tomamos una ruta que nos recomendaron, pero que desconocíamos. “Una ruta que lleva al cielo” según palabras de quien nos envió el punto de Waze que marcaba el primer destino. Una ruta que resulto ser preciosa en paisajes, en buen estado general, pero con algunos tramos de superficie irregular en los que el Countryman cargó con nosotros sin chistar, para nuestra delicia.

Llegamos a la cima de la montaña, un sitio ciertamente celestial en el que pasamos un rato delicioso, para desandar el camino recorrido y volver a Bogotá.

Hicimos una prueba del Mini y obviamente vimos lo que puede hacer: adelantar a otros carros con suficiencia gracias al motor turbo de dos litros, subir o bajar cuestas con toda seguridad, dar curvas obedientemente y frenar con toda capacidad.
Pero lo que de verdad consideramos importante, es usar el carro para lo que una mínima parte de la población hace. Recorrer un buen camino y embarrar un poco el carro para disfrutar de los paisajes majestuosos de Colombia.

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