Porsche 718 Boxster

Una de las razones por las que acepté escribir para Placervial, es el hecho de que no sabía nada, absolutamente nada, acerca de estos objetos. Por supuesto, como toda persona joven inmiscuida en temas de redes sociales y mass media, tenía conocimiento de que algunas marcas eran muy caras, las que asociaba con convertibles; que algunas marcas eran normalitas, las que asociaba con familias clase media; y que, durante la época de los ochentas, las camionetas grandes se convirtieron en la insignia del narcotráfico en Colombia. Hasta ahí mi conocimiento, por demás prejuicioso, acerca de los carros.

Escribir en Placervial, desde el momento uno, significó todo un reto para mí. Significó que debía salir de mi zona de confort, donde me la pasaba echándole la madre a los políticos de este país, y debía escribir sobre algo que, en mi opinión, era de lo más banal. Fue así como terminé revisando todos los días páginas de carros en internet, como terminé fijándome en los carros que pasaban delante de mí en la calle, como terminé recordando qué marcas de carros salían en las series de televisión que yo veía. Para mí, escribir en este medio ha sido toda una resignificación de mis gustos, ha sido aprender a aplicar la sociología, que es lo que sé y me gusta hacer, a una temática que nunca consideré.

La verdad es que, a pesar de que hay días que me he sentado frente a la pantalla y me ha tocado cerrar el computador con la frustración de no tener ni idea de qué hablar, lo he disfrutado mucho. Lo he disfrutado sobretodo porque estoy haciendo dos cosas que me hacen muy feliz, la primera de ellas es escribir, mi pasión es escribir, creo que soy buena haciéndolo, me gusta, lo disfruto; disfruto tanto el ejercicio académico que implica tener que estar revisando cosas de forma, así como disfruto el ejercicio creativo que implica hacerme entender por ustedes, mis lectores, sin que me tengan al frente para preguntarme de qué estoy hablando. Siempre he sido mucho mejor explicándome por medio de escritos que por contacto verbal, soy pésima dialogando, por eso es que mi lugar en el mundo es un teclado desde el que pueda expresar lo que siento y lo que pienso.

Lo otro que he disfrutado acerca de esta experiencia es que he tenido la posibilidad de aprender y entender. Una de las razones más importantes por las cuales estudié lo que estudié fue, precisamente, porque a mí todo tipo de conocimiento me seduce –tanto así que los tipos por los que realmente he llegado a sentir algo, a excepción de uno que ni idea qué paso, eran personas increíblemente brillantes-; poder aprender acerca de carros e incluir eso dentro de mi abanico de temas para hablar, me hace muy feliz.

Y, bueno, yo sí creo que la forma en que aprendemos las cosas están mediadas por conocimientos previos, mi forma de acercarme a este tema del que no tenía ni idea, ha sido relacionándolo todo el tiempo con lo que estudié, ha sido analizando sociológicamente lo que ha venido llegando a mis manos. Los carros, como la mayoría de objetos que consumimos, son absolutamente prejuiciosos, la publicidad lo es, la publicidad juega con los prejuicios, los utiliza para reafirmar cuestiones que nos definen como sociedad y, a través de eso, es que logra vender. Por eso, aunque suene a lugar común, aunque me incomode a mí misma, que creo en el feminismo como una forma de abordaje social, es que me ha tocado aceptar que los carros son objetos de consumo más que todo masculinos. Que sí, que se han popularizado entre el público femenino, pero solamente porque las mujeres entramos al mercado laboral y se estaba dejando por fuera un amplio espectro de consumo.

Sin embargo, esa incursión de las mujeres a la compra de carros también ha sido publicitada a través del lugar común y funciona perfectamente. Ahora, no quiero que piensen que estoy echando juicios de valor al respecto, creo que no es ni bueno ni malo, creo que no soy nadie para decirle a las mujeres que deben comprar carros un poco más masculinos porque están cayendo en el prejuicio, de cualquier manera ¿qué hay de inherentemente malo en la feminidad? ¿Por qué la mujer debería comprar un súper carro con formas masculinas sólo para rebatir el punto de que los hombres se ven mejor ahí? Es decir, yo lo haría por el choque social que podría llegar a significar, pero eso no quiere decir que negar la feminidad desde sus más aceptados lugares comunes sea algo necesariamente bueno.

En algunos artículos sobre súper carros que he escrito he repetido cansinamente que me gustaría ver un súper carro para la mujer, un súper carro diseñado bajo los prejuicios que componen la feminidad, lo que significa acabados más curvos y delicados, que llamen más la atención de un público femenino. Como muchas cosas en mi vida, estaba hablando desde el completo desconocimiento, lo que está muy bien, porque me ha permitido corregirme hoy, escribiendo esto. Sí existe un súper carro que suele atraer más a las mujeres, se trata del Porsche como marca en general, pero también ciertos modelos que clasifican como súper carros en particular. Ya van tres amigas, cada una de ellas muy diferentes, que me han dicho que el carro de sus sueños es un Porsche y, aunque han hablado de modelos distintos, no deja de llamar la atención de mi curiosidad sociológica que está marca se esté posicionando tan fuerte como el carro de los sueños de las mujeres.

Hoy, por ejemplo, el modelo que me mencionaron fue el Porsche 718 Boxster, un súper carro convertible que se me parece muchísimo al Cayman. Este carro, como cualquier deportivo de alta gama, cuenta con un motor excepcional, así como velocidades de aceleración envidiables y otras características que sé que a la persona que me habló de él no le importan, porque además fue enfática “los carros no me interesan, pero ese me parece lindo”. Entonces fue necesario deshojar eso de “me parece lindo”, ¿qué particularidades tiene Porsche como marca para ser tan llamativo para las mujeres? Una de las respuestas que le he dado, claro, sin ningún tipo de verificación más allá de mi propio parecer, es el tema de los colores que se ofertan. Tanto el 718 Boxster como el Cayman vienen en aguamarina y naranja, pero no son colores vibrantes, sino más bien apastelados, “de niña” dirían algunos –y la feminista dentro de mí se está vomitando con esta aseveración-. Otra característica que podría explicar esta amplia aceptación por parte del público femenino puede ser el diseño, la personalidad del carro; se trata de un carro que, aunque imponente, no deja de ser delicado, curvo, de apariencia amable pero elegante, muchas de las cosas que definen la feminidad en la sociedad. Antes decía que no existían súper carros para las mujeres, hoy estoy segura que Porsche se ha encargado de llenar este vacío.

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