Conocidos como “chichones” o “huevos”, las protuberancias de las llantas son daños que han ocurrido, en la mayoría de las veces por golpes que reciben al pasar por huecos u otras imperfecciones de la vía.

Las llantas tienen una configuración interior que incluye fibras o mallas que mantienen la forma de ella y al recibir golpes, estas mallas se deforman o se rompen y por eso se deforma la llanta.

Hay que recordar que las llantas está expuestas a altas temperaturas, fricción y grandes presiones tanto por el aire interno, como por el movimiento del vehículo.

A simple vista, estos chichones o huevos no parecen graves, pero en realidad lo son, pues son un signo inequívoco de una llanta deteriorada que ya no es capaz de soportar las condiciones para las que fue fabricada. Eso en lenguaje simple significa que la llanta no podrá resistir debidamente los esfuerzos y que la probabilidad de estallar aumenta desde ese mismo momento y debemos tener en cuenta que si la llanta estalla con el carro en movimiento, fácilmente podemos perder el control y accidentarnos.

Infortunadamente, los chichones no son reparables, aunque algunos insistan que sí es posible y la razón es una: La llanta estructuralmente ya tiene un daño y reparar las fibras de esa malla rota para que vuelva a su estado original es más difícil y costoso que montar una llanta nueva.

Galería de imágenes: Responsabilidad Social 0

También le puede interesar