#365 El diseño automotor homogenizado y su paleta monocromática hace de la oferta automotriz un portafolio de lugares comunes en el que pocos se destacan y se hace difícil diferenciar unos de otros.
¿Por qué es tan difícil diferenciar los carros actuales y por qué predominan los colores monocromáticos?
Como ocurrió primero a comienzos de los años ochenta y luego a comienzos de los noventa, el diseño de los carros adoptó una estética de moda.
La primera se basó en la escuela del «foglio piegato» de Giorgetto Giugiaro, quien revolucionó el diseño con el Volkswagen Golf Mk1: líneas rectas y sencillas, como si surgieran de una hoja plegada o de un origami, además de una fabricación económica.
El mercado se llenó así de «origamis» difíciles de diferenciar, desde los Toyota Corolla y Nissan Sunny hasta los BMW Serie 3, Renault 9 y Fiat Mirafiori.
En la década de los ochenta se puso más énfasis en la confiabilidad mecánica que en el diseño, en medio del gran auge de la industria automotriz japonesa.
Pero todo pasa de moda: a finales de los años ochenta comenzaron a suavizarse las líneas y, ya en los noventa, empezamos a ver carros que parecían jabones de mano sobre ruedas, como los Hyundai Accent, Renault Clio y Mazda 626, entre otros.
Diseños discutibles
Por esos años entrevisté a Alberto Mantilla, diseñador colombiano al servicio de John Deere, quien me explicó que las formas redondeadas y tan parecidas de los vehículos de los noventa se debían al uso de AutoCAD.
Esta herramienta digital revolucionó el oficio del diseño, pero también uniformó las ideas, los métodos de fabricación y los productos.
Es lo que el ensayista Jim Carroll denomina «mercadeo del túnel de viento»: una metodología de toma de decisiones sobre el diseño de productos ante la cual «asentimos ante la evidente mejora en la eficiencia del combustible, pero no pudimos evitar soltar un suspiro cansado de decepción».
Como recoge Alex Murrell en su ensayo La edad del promedio, a partir de ese momento «los vehículos ahora están diseñados para el público más amplio posible, en el mayor número posible de países, para fabricarse de la manera más eficiente posible».
A partir de esos años comenzó otra tendencia no menos decepcionante: pasamos de una amplia paleta que incluía violetas, rojos, verdes, amarillos, azules, naranjas y negros a tres opciones monocromáticas que ensombrecieron las calles y a sus ciudadanos.
Las razones de esta tendencia pueden ser varias. Murrell menciona, entre otras posibilidades, el interés de las marcas por cobrar un valor adicional por los colores opcionales y el mayor dinamismo del mercado de reventa de carros monocromáticos.
También los logos
Para completar la aridez de ideas, los logotipos e isotipos de las marcas también se parecen entre sí.
La tendencia se acentuó a mediados de la década pasada, cuando algunas sustituyeron las mayúsculas sostenidas por minúsculas y adoptaron diseños planos y minimalistas, quizá para reemplazar un tono de poder por otro más amigable, aunque mucho menos expresivo.
¿Qué nos queda? Ante esta crisis de ideas y diseño, hace falta que una marca tome una decisión valiente, ponga patas arriba el mercado y recupere los diseños diferenciadores y la paleta de colores que tanta falta hacen.
