#374 La prioridad del nuevo Código Nacional de Tránsito debería ser la prevención de la accidentalidad y la reducción de las víctimas… el bolsillo es secundario.
El anuncio que hizo hace algunas semanas la ministra de Transporte sobre la reforma al Código Nacional de Tránsito parte de un ángulo equivocado.
La ministra Noguera asegura que el Gobierno trabaja en reducir el costo de las multas, los trámites, la expedición y refrendación de la licencia de conducción, la revisión tecnomecánica, entre otros.
Y sí, ojalá cuesten menos los trámites y las sanciones, pero esa nos parece una motivación equivocada para reformar el Código.
Por el contrario, las cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial muestran que las víctimas fatales por accidente de tránsito en Colombia no dejan de aumentar desde hace al menos cinco años y, lo que es peor, el año pasado murieron por esta causa más de 8.400 personas.
Y, por si fuera poco, en 2026 es probable que la cifra supere las 9.000 víctimas.
Desvelar las causas
De manera que el trabajo de la autoridad nacional de Transporte debería enfocarse en que el nuevo Código descorra el velo sobre las verdaderas causas de la accidentalidad, pues desde hace décadas se sostiene la narrativa de que el ser humano es la principal causa, relegando a un segundo plano los factores del vehículo y de la infraestructura.
Y si bien es cierto que el Estado falla en el control y en los requisitos para el otorgamiento de las licencias de conducción, darle tanto protagonismo al factor humano ha significado, en la práctica, que el Estado renuncie a asumir su responsabilidad por la falta de inversión en el diseño de las vías y en la ampliación de su capacidad.
En detalle, salta a la vista que el mayor número de víctimas se registra en entornos urbanos, tanto por la ausencia de control en vía —policía, señalización y cámaras— como por la mezcla de vehículos de tamaños muy distintos en la misma calzada, por ejemplo, motos y tractocamiones.
Y la situación empeora cuando las vías nacionales y su transporte de carga cruzan por la mitad de los cascos urbanos, sin ningún tipo de control: bien sea porque las alcaldías municipales no tienen autoridad de tránsito, o porque el presupuesto de esos organismos es insuficiente o se destina a otras actividades.
Con todo respeto, señora ministra: la invitamos a reenfocar el nuevo Código hacia la prevención de la accidentalidad y la protección de las víctimas, y no hacia el alivio de trámites y multas.






