¿Hacia el fin de la reparación de motor?

#372 La mecánica automotriz cede espacio a la mecatrónica y, aun más, a la electrificación automotriz, pero al parecer no está lejano el día en que los ajustadores de motores pasen al museo de la fama de la industria.

La operación a capó abierto más compleja que acometían los talleres de mecánica automotriz fue por muchos decenios la reparación de motor.

Luego de varios cientos de miles de kilómetros de recorrido, o un mantenimiento deplorable, esta tarea buscaba bien devolver el motor a sus medidas iniciales, o bien retornarle sus bríos por medio de la instalación de piezas ligeramente más grandes.

Sea cual fuere el camino, los talleres de mecánica desarmaban el motor hasta el último tornillo y cambiaban casquetes de biela y bancada, pistones y anillos, eje de levas y válvulas de admisión y de escape y sus guías, sistema de distribución, bombas de aceite y de agua, empaquetadura, etcétera.

Operación a capó abierto

Así, el mecánico ajustador de motores hacía las mediciones pertinentes para enviar el bloque, el cigüeñal y las bielas, y la culata y su eje de levas, a la rectificadora para que allá tornearan los puntos de apoyo mutuos con el fin de eliminar rayones y ovalamientos, al tiempo que determinaban la medida de casquetes y anillos de pistón que se debían instalar.

En total, el carro podía permanecer de lunes a viernes en el patio de mecánica y, al final de la operación, el taller facturaba una buena cantidad de dinero.

Un taller de mecánica de 10 puestos de trabajo fácilmente podía realizar de 3 a 5 reparaciones de motor a la semana, lo cual representaba una buena porción del ingreso general.

El fin

Pero de un tiempo para acá, y ante el auge de la industria automotriz y de repuestos de China, la reparación de motor se fue relegando a vehículos y motores del siglo pasado, a cambio de la oferta de motores nuevos 15/16 —denominación mecánica que indica el grado de armado del motor: completamente armado, y al que solo le hacen falta accesorios como el alternador o la bomba de ATF—.

Y la razón de ese cambio es fundamentalmente económica: en promedio, por una reparación de motor, con cambio de todas las piezas descritas, puede estar por los 10 millones de pesos, mientras que el motor nuevo, según la marca y el tipo, unos 6 millones más el trámite ante la autoridad de tránsito (260 mil pesos).

De manera que los talleres de mecánica hoy día se dedican más a cambiar motores completos (o 15/16), a un costo mucho menor de mano de obra, o a reparar motores de vehículos antiguos o próximos a serlo, que cada vez son menos.

Y si a esto se le suma la irrupción de los vehículos electrificados, el taller de mecánica tradicional atiende cada vez menos reparaciones de motor y se queda con frenos, suspensiones, embragues, transmisiones y las labores de mantenimiento preventivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *